Por: Gabriela Dumont Castillo.

 

Segunda semana de clases, eterna cola para pagar la mensualidad de la universidad… Y revisando carteleras me encontré “¿Qué es el periodismo? ¿Para qué sirve?” Pedro Luis Flores, Maria Isabel Párraga, Unai Amenabar, Gladys Rodríguez… por muy básico que se leyera, algo bueno sería.
Entre una distracción y otra, cuestión de tiempo, no fue sino la noche antes del taller que fui corriendo a decanato a inscribirme -supongo fui la última en hacerlo también-.
Al día siguiente, 7:30 AM, sonó una alarma que daba inicio a un «mal día», según yo. Con un sueño pesadísimo, cero ganas de levantarme, apurada por no llegar tarde, con la incertidumbre de que no se fuese la luz, digo, era obvio que se iría, como todos los días, pero ojalá que no antes de yo salir. Rogando al cielo, además, llegar sana a la universidad, que estando a menos de dos cuadras de mi residencia, se convierte en una avenida más larga que Bella Vista gracias a las motos y la inseguridad.
Total es que contrarreloj y zonambula llegué a URBE, afortunadamente antes de que iniciara la actividad. El ambiente se tornaba agradable; muchas caras conocidas, tanto del medio como de los pasillos de mi alma mater.
Era de esperarse que se redujera el espacio y la asistencia no pasara las 100 personas. El imperdonable miedo a ser valiente y ejercer esta profesión, es, supongo la razón príncipal. Por lo que este tipo de eventos son como un juego de pelota entre dos equipos con poca fanaticada, sin embargo, como todo juego de béisbol, la pasión y emoción nunca faltan.
La voz del Playball se escuchó a eso de las 9:20AM aproximadamente. Y las gloriosas notas de nuestro “Gloria al Bravo Pueblo” las entonó Maria Fernanda Flores. Impecable introducción. Sus palabras me llenaron el alma de esperanza y los ojitos de lágrimas, habría que estar muerto para no sentir la piel erizada al escucharla hablar, convenciéndonos de no habernos equivocado, ni de carrera, ni de país. ¡Gracias Maria Fernanda!
Maria Isabel Párraga, decidió abrir el marcador con un home run por todo el jardin izquierdo; hizo valer sus años de intachable trayectoria y nos invitó a empaparnos de este excitante y divertido gremio, recordándonos, “niñitos y niñitas”, la importancia del gran Gabriel Garcia Márquez y el ímpetu de Joseph Pullitzer, entre tantos admirados colegas, como la cubana Yoaní Sánchez, vivo ejemplo de lo necesario que es hacer valer nuestra profesión y nuestros valores, sobretodo, en regímenes dictatoriales.
El primer episodio se fue con 1 carrera y ningún error. Mi entusiasmo y convicción crecían como marea bajo lluvia. En la lomita lanzó Gladys Rodríguez; con la elegancia y carisma que le caracterizan, nos enseñó el valor de los valores: La credibilidad. Y por la vía del 1,2,3 retiró el 2do inning. Continuaba el encuentro para el cierre del 5to episodio y ya había juego legal en la tierra del sol amada.
El turno era para el cuarto bate, Pedro Luis Flores, quien decidido a limpiar las bases llenas, la sacó de home run por todo el jardín central. Convirtió la Presión en más Pasión y reafirmó mi teoría de la gente grande, sí, esos que tienen valor y no precio. En pantalla siempre lo vi con respeto y admiración, sentir que creció al escucharlo hablar con tanta firmeza, haciéndome arrepentir de todos aquellos pensares de emigrar y convencida, una vez más, que lo nuestro es, sin duda, lo mejor.
Se empató el juego en la segunda del noveno, pero como nada acaba hasta que termina y son 27 los outs, Unai Amenabar decidió cerrar la pizarra y, con un imparable, dejar en el terreno al equipo contrario. Él, de manera elocuente, sincera y muy modesta, describió a un periodista que desde siempre ha sido mi ejemplo a seguir, el de verdad, el apasionado, el que no se limita a ser portador de un micrófono, el que emite una opinión e informa de manera objetiva, el que siente, el que no calla, no censura ni se autocensura, ese al que acude la sociedad cuando el ciego de poder no actúa según la ley, el que arriesga y es opositor a este gobierno y a los mejores qué, con el favor de Dios, vendrán. Sí, opositor, no “escuálido” ni “majunche”.
Al finalizar muchas clases, llena de entusiasmo en el aula, me enfrentaba con la dolorosa realidad al salir, e iniciaba, otra vez, la eterna interrogante del ¿ahora qué?
Es decir, es muy bonito lo que te pintan, pero cuando sales y te roban se te viene el mundo abajo, cuando te desalojan arbitrariamente de tu casa las ganas de largarte y no regresar abundan, cuando no escuchas mas que de la muerte de inocentes a manos de bestias con las manos llenas de sangre ajena que no les duele no te provoca seguir, el injusto día a día te hace pensar que te equivocaste de carrera y que la cigüeña debió dejarte en otro país. Resulta asfixiante la situación; pero, afortunadamente, nunca falta un gol de la Vinotinto o un joropo retumbando en el extranjero gracias al triunfo de nuestro equipo de bascket, o Cabrera con su MVP, las coronas del Miss Universo, lo sabroso del pabellón criollo, lo relajante de un buen guayoyo echando cuentos con amigos, la exquisitez de disfrutar de nuestros cayos o la frescura de nuestras montañas. La hermosura de nuestros paisajes enamorando hasta al más exigente. Nuestro llano y su grandeza. La bonita rivalidad de un Caracas-Magallanes, la algarabía y sabrosura de que tu equipo sea campeón de la temporada de béisbol. El deleite de una hallaca, el corazón exaltao’ al cruzar el puente y un orgullo grandote al escuchar la tambora repicando al dar inicio a nuestra gaita. Las cervezas del sábado por la noche con excelente compañía y la sopita del domingo como consecuencia. Esa arepita con mantequillita y queso que sabe a gloria. La bendición, los consejos y las caraoticas de la abuela que son vitales. Las ocurrencias que nos distinguen y la sonrisa a la que siempre le guardamos un ladito, a pesar de todo. Nunca faltan 5 personajes, un equipo extraordinario y una buena crianza gracias a dos seres benditos y excepcionales, como mis padres, que te convencen que merecemos la pena, que el país de verdad lo vale, que la obra de Cruz Diez en Maiquetía no merece más pisadas de exilio; es que aquí lo tenemos todo, todo para todo y para todos. Porque desde el sol que nos quema hasta la lluvia que nos moja son razones para seguir, porque es inmoral regalar lo nuestro, este peo es nuestro y no se comparte. Porque no hay mejor lugar que el hogar y somos nosotros, la familia, es la gente quien hace el lugar. Porque si todos nos vamos… ¿Quién apaga la luz? ¿Y qué vamos a hacer allá? ¿Allá dónde? ¿Y cómo? ¿Pa’ cuándo lo nuestro?
¡Gracias Escuela Itinerante de Periodismo! Gracias por reafirmar mi amor por este pedazo de maravilla, gracias por sembrarme mas optimismo que Carlos Baute. Yo apuesto a mí, al futuro, a un país que mucho más allá de su belleza te dé dignidad y libertad. A que hay siempre que apuntar a la luna y, mientras llegamos a ella, engancharnos en una estrella. Apuesto a no querer triunfar en otro lado, porque no hay nada más sabroso que el aplauso y el orgullo de los tuyos.

 

-Gabriela Dumont Castillo

Estudiante de Comunicación Social. 9no trimestre, URBE.